Revista Ágora: Francisco Trejo
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Desde el oriente. La vida más allá de la muerte

. 26/4/10
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“Porque la muerte es segura para el que ha nacido, no llores por lo inevitable”
Bhagavad Gita

Según el Baghavad Gita se cree que el alma de la persona que ha muerto está en un camino hacia el siguiente nivel de existencia en ese tiempo. Desde la perspectiva hinduista, toda la vida es una preparación para la muerte y el más allá.

Según la creencia hinduista, Kali, consorte de Shiva el dios de la destrucción, es la diosa de la muerte, el tiempo y el cambio. Es importante resaltar estos últimos dos atributos, porque en la concepción hinduista, la muerte se ve como una transición a otro estado existencial; el cuerpo entonces es sólo una vasija que contiene el alma transitoriamente. Lejos de considerarse como algo positivo, el regreso a la vida implica la repetición de la limitación, del sufrimiento, de la muerte, y vincula el alma a la materia. Estos aspectos los retoma el budismo, pero sustituye el Brahma Absoluto por el Buda interno, que cada uno, sin distinción alguna de casta, puede alcanzar. Por ello, se intenta detener estos ciclos de manera consciente por medio de un camino espiritual en el transcurso de la existencia material. Esto reviste de gran importancia el ritual funerario, pues es la transición de un estadio existencial a otro.

La tradición hinduista del camino de la ritualidad, de la devoción y del conocimiento proviene del siglo VI a.C. y es la fuente principal del dharma o “deber social” de la casta de los brahmanes. De adolescente, como brahmacarin, se formaba bajo la guía de un maestro espiritual o guru, por medio del estudio y la castidad, después entraba a la comunidad con el matrimonio y asumía las funciones de grihastha, padre de familia, ocupándose del bienestar de la familia y los placeres pasionales. Una vez convertido en abuelo de un descendiente masculino se aislaba como vanaprastha, ermitaño; en la cuarta y última fase se preparaba para abandonar la existencia, convirtiéndose en asceta itinerante o sannyasin, desprovisto de todo interés y vinculación mundanas. Al inicio de cada fase se realiza una samskara o “impresión mental”, que es una ceremonia donde se recitan oraciones a fin de purificar el estado mental del individuo, pues esto construye el carácter del individuo (influido por las impresiones de vidas anteriores), que se forma por hábitos repetidos que determinan el actuar del individuo en el presente y el futuro. De tal manera, estas ceremonias ayudan al individuo a pasar positivamente de una fase a otra. Este tradición está destinada a alcanzar la moksha o la liberación del alma, aunque sólo es regla para la casta de los brahmanes, y parcialmente seguido por otras castas. En la actualidad, los brahmanes tratan de seguir este sendero, pero muchos de ellos, sobre todo los de la diáspora, tienen profesiones alternas como ingenieros, médicos, sin olvidar sus obligaciones como guías espirituales. De esta manera, la vida se concibe como un ser-hacia-la-muerte en términos heideggerianos, donde cada etapa muestra un estadio de formación hacia la salida del samsara (ciclo de reencarnaciones) y la liberación del alma, o en el lenguaje budista, hacia el Nirvana.

La cremación es el método funerario preferido por los hinduistas a fin de liberar al alma de su existencia terrenal. Los hinduistas creen que el cuerpo astral permanecerá mientras el cuerpo físico esté visible. Si el cuerpo no se crema “el alma permanece cerca por semanas o meses”. La excepción a este ritual son los niños y los santos, quienes son enterrados. La ceremonia típica de cremación comienza con el rito de limpieza, vestimenta y adorno del cadáver y esta debe realizarse en al anochecer o en el alba en las cercanías de un río sagrado (que en la India lo son la mayoría). Es notorio que los familiares acompañantes deben ser hombres. El cuerpo se lleva a la pira en camilla con su cabeza viendo hacia el sur y se cantan oraciones como el Ram Nam Satya Hai, en honor de Yama, juez de los muertos. El sacerdote o el hijo mayor toma los pedazos de leña de la hierba sagrada kusha, la echa a la pira y da una vuelta a la pira en contra de las manecillas del reloj – pues todo es al revés en la muerte. Después prende la pira y entonces ya es una ofrenda al dios Agni. Desde tiempos védicos, el fuego transmite el ofrecimiento al cielo, algo contrario a las creencias de los Parsis (zoroastrianos), quienes consideran el agua y el fuego como sagrados, por lo que dejan a sus muertos desintegrarse a la intemperie. Una vez que el cadáver está calcinado, el plañidero realiza el kapalakriya o ritual del cráneo, al romper el cráneo con una rama de bambú para liberar el alma del cuerpo. Después de la cremación, algunas cenizas se arrojan al río, preferiblemente el Ganges, y los dolientes se retiran sin mirar atrás. Esta procesión es típica en los ghats o escalones de baño de Benarés, la ciudad sagrada hindú donde los creyentes van a limpiar sus pecados o a incinerar a sus parientes, pues se cree que el Ganges ofrece el moksha, la única manera de alcanzarlo para las castas que no son brahmanes. La muerte se considera un acontecimiento cargado de contaminación para los parientes del difunto, por lo que el transporte del cadáver al cementerio, la incineración y el regreso de los vivos a su morada vienen acompañados de múltiples actos de purificación como baños en ríos sagrados. De esta forma, la incineración es el método más común para liberar el alma del cuerpo y la etapa inicial en el camino de ésta hacia un estadio existencial superior.

El ritual funerario no termina con la eliminación del cuerpo. A fin de asegurar el viaje del difunto hacia el otro mundo, se lleva a cabo un ritual de once días llamado shraddha. Este consiste en el ofrecimiento diario de bolitas de arroz, llamadas pindas, que suministran un cuerpo transitorio y simbólico para el muerto. Los familiares llevan una dieta rigurosa que prohíbe la sal, algunas verduras y carne. También deben usar prendas blancas y evitar aquello hecho de piel como cinturones, zapatos, etc. En el doceavo día, el alma alcanza su destino y se une a sus ancestros. Se considera que la familia es impura durante varias semanas después del funeral, por lo que no deben asistir a fiestas religiosas ni comer cierto tipo de alimentos como los dulces. Este es el período oficial de luto. El cumplimiento de estas reglas no escritas asegura el paso del difunto hacia un mayor nivel de existencia, lo que demuestra el nivel de conexión entre el difunto y sus familiares, quien, a pesar de sus actos durante su existencia material, depende en última instancia de las exequias de sus allegados. En el primer aniversario, los familiares ofrecen comida y oraciones al muerto por medio de sacerdotes brahmanes y arreglan la colocación de las cenizas sobrantes. La familia decide si lanza las cenizas a un río local o, si tiene los recursos, a los Himalayas, lugar sagrado hinduista. La liberación del alma comprende la experiencia de unión con el Brahma, o el Absoluto. Cabe destacar que en el hinduismo, las deidades no son sino representaciones diversas del Brahma, el espíritu absoluto que abarca todo el universo, por lo que el deseo de todo hinduista es ser parte de su infinita existencia.

En suma, el ritual funerario tradicional del hinduismo muestra una tendencia casi universal del ser humano de trascender la existencia terrenal y encontrarle un sentido espiritual. El papel que desempeñan los familiares y amigos durante esta ceremonia es un signo de la importancia que tiene para el ser humano la convivencia en sociedad y la interdependencia. Un punto esencial para el hinduismo es el aprendizaje, expresado en devoción y conocimiento, adquirido en las vidas anteriores a fin de alcanzar el Absoluto.

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Desde el oriente. Cultura del sobre

. 12/4/10
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La vida es una aureola luminosa,
un sobre semi-transparente que nos rodea desde el principio.
Virginia Woolf

El sobre en algunos países asiáticos es un gesto natural de agradecimiento y deferencia. Si se usa con mesura y cuidado, puede causar una buena impresión, pero si se abusa su uso, puede llevar a malentendidos y frivolidades.

En China, el regalo de dinero en un sobre rojo (紅包) está relacionado con la prosperidad y los buenos deseos. En el año nuevo lunar, la gente suele dar a sus familiares y personas queridas un paquete rojo con dinero en billetes. Los jefes dan a sus empleados bonos de año nuevo en un sobre rojo. En las bodas, los recién casados dan sobre rojos vacíos a sus parientes, quienes introducen dinero, firman con sus nombres y escriben algún deseo para la pareja. El monto de dinero debe terminar con un número par, mientras que en los funerales en un número impar. Además, el número 4 no debe aparecer, ya que su pronunciación es similar a la palabra “muerte”. Esta práctica está asociada con la creencia en tiempos de la dinastía Qing (清朝) de que envolver el dinero aleja los malos espíritus y se creía que protegía a los ancianos de la enfermedad y la muerte. Esta tradición se transmitió directamente a Vietnam y Tailandia, donde los adultos suelen regalar a los niños dinero en un sobre rojo durante las festividades de Año Nuevo. En pocas palabras, la “tradición del sobre” en China es un símbolo cultural que muestra la continuidad y sacralidad de sus costumbres, pues siguen un código específico.

En Corea del Sur a los regalos en efectivo se les llama tteokgap o “gastos de pastel de arroz”. Estos regalos suelen ser entregados durante las vacaciones largas, a fin de ayudar a los beneficiados con sus gastos de viaje. Una persona transferida a un nuevo trabajo recibe el “dinero de despedida” (jeonbyeoulkum), mientras que un cliente que emprende un viaje de negocios toma el “dinero de carroza” (kirmabi). Los regalos son una forma de agradecimiento, pero a veces también se espera un favor de vuelta. Esto implica que algunas personas utilizan el “dinero de pastel de arroz” en forma de soborno y los beneficiados suelen apelar a esta figura en caso de ser acusados de este delito. Para algunos, un regalo en efectivo es simplemente conocido como bongtu o sobre, el cual debe ser de color blanco. Los padres de familia suelen entregar sobres a los maestros de sus hijos, pues temen que los maltraten si no les dan regalos, aunque generalmente los maestros los rechazan. El sobre es un elemento intrínseco en bodas y funerales coreanos con el fin de aliviar los gastos de los anfitriones, sin embargo, se ha vuelto un cliché tan amplio en la sociedad coreana a tal grado que se ha perdido su símbolo original y ahora sólo se ve como una convención de una sociedad materialista.

La cultura del sobre muestra, desde el punto de vista chino, el valor de la tradición como instrumento de transmisión de creencias en una sociedad conservadora. En relación con el punto de vista coreano, el exceso en el uso del sobre en situaciones cotidianas terminó por difuminar su significado original y lo convirtió en una convención superflua.

[Sobre el autor: Francisco Trejo estudia la licenciatura en Relaciones Internacionales en El Colegio de México; te puede interesar su anterior entrega, "Apología del Té".]

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Desde el Oriente. Apología del té

. 31/3/10
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“No quiero riqueza, ni tesoros terrenales, ni fama, estima o adoración de otros;
Dejad que mi destino me depare mi taza de té matinal, hecha por mí.
No me niegues, oh Señor mío, mi taza de té!
Dwijendra Lal Roy.


El té es un reflejo del espíritu oriental, pues es antiguo, diverso y tiene un carácter tradicional. En China se le da la misma importancia tanto a la materia como a la forma. Entre las tres bebidas calientes no tóxicas, cocoa, café y el té, la última es la más antigua. Cabe destacar que la hoja de té (Camellia sinensis) es originalmente del sureste asiático, en la actual Myanmar; sin embargo, fue en China, donde por primera vez se plantó para usos principalmente medicinales. Es importante resaltar que desde su origen, el té se ha preparado de distintas maneras en China. En los primeros siglos se hervían las hojas frescas en agua, del siglo III d.C en adelante se pulverizaban las hojas secas y luego se hervían, durante la dinastía Tang se comprimían las hojas de té, se pulverizaban y se batían en agua caliente con la ayuda de un palo hecho de bambú. Posteriormente, en la dinastía Song, la bebida era acompañada de cebolla, jugo de pepino, ajo y naranja. Prescindiendo de la forma de preparación, en China hay un gran número de tés herbales (recordemos que la planta original corresponde al té verde), como el té negro de Qimen, el Longjin de Hangzhou, el Biluochun de Wuxian, el Maofen de Anhui, el té de jazmín de Fuzhou, el Pu’er de Yunnan, el té de Liubao, entre muchos otros.

En Japón la ceremonia del té Cha-no-yu representa la síntesis de tradiciones, religiones y culturas de cientos de años. En esta ceremonia el anfitrión ofrece a sus invitados dulces dentro de un cuarto de decoración sobria, después dejan el cuarto para relajarse en el jardín, mientras se prepara el té adentro, unos minutos después el anfitrión llama a los invitados por medio del gong y vierte agua caliente sobre un recipiente que contiene té verde en polvo, mientras los invitados observan solemnemente los movimientos sobrios del anfitrión en una especie de ritual. Posteriormente el anfitrión ofrece el té a los invitados por orden jerárquico en dirección opuesta a las manecillas del reloj. Los invitados sólo tienen permitido tres sorbos y medio y deben limpiar el borde con un paño y pasarlo al siguiente invitado. La ceremonia sólo permite una sesión de preguntas y respuestas del anfitrión a los invitados. Este evento es practicado tanto por las clases altas como las bajas y representa la apreciación por el arte y la belleza, los buenos modales y la tradición del pueblo japonés.

La veneración al té adquiere una identidad propia en la cultura de los trabajadores del té de la India. Durante la época del British Raj en la India, los ingleses fomentaron una industria del té en Assam, al oeste de la India, por lo que llegó mucha mano de obra de diversos lugares y etnias de la India. Con el paso de los años, estos trabajadores moldearon una cultura única y homogénea que se caracteriza por los numerosos festivales (pujas o parabs) y la alegría y desenfreno con que se realizan. El karam puja es un ritual que se realiza para aumentar la producción de los campos con la esperanza de mejorar el lote material. Las canciones entonadas durante este ritual se llaman jhummur geet, donde se habla de descripciones de flores y la belleza de la naturaleza, expresiones de alegría y tristeza, la historia romántica de Radha-Krishna, etc. En pocas palabras, la asociación como cultivadores del té forjó un imaginario colectivo entre trabajadores de tribus y etnias diversas que a la larga serían una resistencia contra la ocupación inglesa.

En suma, con estos escuetos ejemplos trato de mostrar los diferentes efectos que tiene el té en tres culturas asiáticas representativas. En China podemos encontrar una diversidad que describe, guardando las debidas proporciones, el papel del té como diferenciador de las diversas regiones del país. En Japón, por otro lado, el té guarda un aspecto ornamental y estético que demuestra la tradicionalidad de la sociedad japonesa. Las asociaciones de trabajadores del té en India nos demuestran cómo un producto de recién producción (pues todavía a principios del siglo XIX el té que se consumía en India provenía de China) se vuelve un factor de identidad en un ambiente heterogéneo.

Si quieren saber más al respecto, les recomiendo los siguientes libros:
Dutta, Arup Kumar, “Cha Garam! The Tea Story”, Calcutta, Paloma Publications, 1992.
Chow, Kit, “All the Tea in China”, San Francisco, China Books and Periodicals, Inc. , 1990.

[Sobre el autor: Francisco Trejo estudia la licenciatura en Relaciones Internacionales en El Colegio de México; de manera quincenal en "Desde el Oriente" se analizarán diversas novedades y curiosidades de la política y/o sociedad de diversos paisés asiáticos -China, Japón, Corea del Sur e India.]

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