Revista Ágora: Desde el oriente. La vida más allá de la muerte

Desde el oriente. La vida más allá de la muerte

. 26/4/10
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“Porque la muerte es segura para el que ha nacido, no llores por lo inevitable”
Bhagavad Gita

Según el Baghavad Gita se cree que el alma de la persona que ha muerto está en un camino hacia el siguiente nivel de existencia en ese tiempo. Desde la perspectiva hinduista, toda la vida es una preparación para la muerte y el más allá.

Según la creencia hinduista, Kali, consorte de Shiva el dios de la destrucción, es la diosa de la muerte, el tiempo y el cambio. Es importante resaltar estos últimos dos atributos, porque en la concepción hinduista, la muerte se ve como una transición a otro estado existencial; el cuerpo entonces es sólo una vasija que contiene el alma transitoriamente. Lejos de considerarse como algo positivo, el regreso a la vida implica la repetición de la limitación, del sufrimiento, de la muerte, y vincula el alma a la materia. Estos aspectos los retoma el budismo, pero sustituye el Brahma Absoluto por el Buda interno, que cada uno, sin distinción alguna de casta, puede alcanzar. Por ello, se intenta detener estos ciclos de manera consciente por medio de un camino espiritual en el transcurso de la existencia material. Esto reviste de gran importancia el ritual funerario, pues es la transición de un estadio existencial a otro.

La tradición hinduista del camino de la ritualidad, de la devoción y del conocimiento proviene del siglo VI a.C. y es la fuente principal del dharma o “deber social” de la casta de los brahmanes. De adolescente, como brahmacarin, se formaba bajo la guía de un maestro espiritual o guru, por medio del estudio y la castidad, después entraba a la comunidad con el matrimonio y asumía las funciones de grihastha, padre de familia, ocupándose del bienestar de la familia y los placeres pasionales. Una vez convertido en abuelo de un descendiente masculino se aislaba como vanaprastha, ermitaño; en la cuarta y última fase se preparaba para abandonar la existencia, convirtiéndose en asceta itinerante o sannyasin, desprovisto de todo interés y vinculación mundanas. Al inicio de cada fase se realiza una samskara o “impresión mental”, que es una ceremonia donde se recitan oraciones a fin de purificar el estado mental del individuo, pues esto construye el carácter del individuo (influido por las impresiones de vidas anteriores), que se forma por hábitos repetidos que determinan el actuar del individuo en el presente y el futuro. De tal manera, estas ceremonias ayudan al individuo a pasar positivamente de una fase a otra. Este tradición está destinada a alcanzar la moksha o la liberación del alma, aunque sólo es regla para la casta de los brahmanes, y parcialmente seguido por otras castas. En la actualidad, los brahmanes tratan de seguir este sendero, pero muchos de ellos, sobre todo los de la diáspora, tienen profesiones alternas como ingenieros, médicos, sin olvidar sus obligaciones como guías espirituales. De esta manera, la vida se concibe como un ser-hacia-la-muerte en términos heideggerianos, donde cada etapa muestra un estadio de formación hacia la salida del samsara (ciclo de reencarnaciones) y la liberación del alma, o en el lenguaje budista, hacia el Nirvana.

La cremación es el método funerario preferido por los hinduistas a fin de liberar al alma de su existencia terrenal. Los hinduistas creen que el cuerpo astral permanecerá mientras el cuerpo físico esté visible. Si el cuerpo no se crema “el alma permanece cerca por semanas o meses”. La excepción a este ritual son los niños y los santos, quienes son enterrados. La ceremonia típica de cremación comienza con el rito de limpieza, vestimenta y adorno del cadáver y esta debe realizarse en al anochecer o en el alba en las cercanías de un río sagrado (que en la India lo son la mayoría). Es notorio que los familiares acompañantes deben ser hombres. El cuerpo se lleva a la pira en camilla con su cabeza viendo hacia el sur y se cantan oraciones como el Ram Nam Satya Hai, en honor de Yama, juez de los muertos. El sacerdote o el hijo mayor toma los pedazos de leña de la hierba sagrada kusha, la echa a la pira y da una vuelta a la pira en contra de las manecillas del reloj – pues todo es al revés en la muerte. Después prende la pira y entonces ya es una ofrenda al dios Agni. Desde tiempos védicos, el fuego transmite el ofrecimiento al cielo, algo contrario a las creencias de los Parsis (zoroastrianos), quienes consideran el agua y el fuego como sagrados, por lo que dejan a sus muertos desintegrarse a la intemperie. Una vez que el cadáver está calcinado, el plañidero realiza el kapalakriya o ritual del cráneo, al romper el cráneo con una rama de bambú para liberar el alma del cuerpo. Después de la cremación, algunas cenizas se arrojan al río, preferiblemente el Ganges, y los dolientes se retiran sin mirar atrás. Esta procesión es típica en los ghats o escalones de baño de Benarés, la ciudad sagrada hindú donde los creyentes van a limpiar sus pecados o a incinerar a sus parientes, pues se cree que el Ganges ofrece el moksha, la única manera de alcanzarlo para las castas que no son brahmanes. La muerte se considera un acontecimiento cargado de contaminación para los parientes del difunto, por lo que el transporte del cadáver al cementerio, la incineración y el regreso de los vivos a su morada vienen acompañados de múltiples actos de purificación como baños en ríos sagrados. De esta forma, la incineración es el método más común para liberar el alma del cuerpo y la etapa inicial en el camino de ésta hacia un estadio existencial superior.

El ritual funerario no termina con la eliminación del cuerpo. A fin de asegurar el viaje del difunto hacia el otro mundo, se lleva a cabo un ritual de once días llamado shraddha. Este consiste en el ofrecimiento diario de bolitas de arroz, llamadas pindas, que suministran un cuerpo transitorio y simbólico para el muerto. Los familiares llevan una dieta rigurosa que prohíbe la sal, algunas verduras y carne. También deben usar prendas blancas y evitar aquello hecho de piel como cinturones, zapatos, etc. En el doceavo día, el alma alcanza su destino y se une a sus ancestros. Se considera que la familia es impura durante varias semanas después del funeral, por lo que no deben asistir a fiestas religiosas ni comer cierto tipo de alimentos como los dulces. Este es el período oficial de luto. El cumplimiento de estas reglas no escritas asegura el paso del difunto hacia un mayor nivel de existencia, lo que demuestra el nivel de conexión entre el difunto y sus familiares, quien, a pesar de sus actos durante su existencia material, depende en última instancia de las exequias de sus allegados. En el primer aniversario, los familiares ofrecen comida y oraciones al muerto por medio de sacerdotes brahmanes y arreglan la colocación de las cenizas sobrantes. La familia decide si lanza las cenizas a un río local o, si tiene los recursos, a los Himalayas, lugar sagrado hinduista. La liberación del alma comprende la experiencia de unión con el Brahma, o el Absoluto. Cabe destacar que en el hinduismo, las deidades no son sino representaciones diversas del Brahma, el espíritu absoluto que abarca todo el universo, por lo que el deseo de todo hinduista es ser parte de su infinita existencia.

En suma, el ritual funerario tradicional del hinduismo muestra una tendencia casi universal del ser humano de trascender la existencia terrenal y encontrarle un sentido espiritual. El papel que desempeñan los familiares y amigos durante esta ceremonia es un signo de la importancia que tiene para el ser humano la convivencia en sociedad y la interdependencia. Un punto esencial para el hinduismo es el aprendizaje, expresado en devoción y conocimiento, adquirido en las vidas anteriores a fin de alcanzar el Absoluto.

3 Comentarios:

Fernanda dijo...

Otra vez. ¡Felicidades Poli!

Unknown dijo...

No basta una felicitación, sino el que me des mas… para saber y satisfacer. =)

Unknown dijo...

No basta una felicitación, sino el que me des mas… para saber y satisfacer